lunes, 9 de junio de 2014

Europa Indigena

Europa Indigena (parte1): El culto a la Diosa Madre
La Diosa Madre comprendida como la personificación del principio femenino de la Naturaleza y el Dios Astado como imagen arquetípica del principio masculino, el dios de la fertilidad. Estas deidades fueron veneradas por los primeros pobladores de Europa a lo largo del paleolítico superior y el neolítico sufriendo serias modificaciones con las invasiones de los pueblos indoeuropeos. Estos conquistaron los poblaciones autóctonas e intentaron imponer sus dioses , militaristas - adoradores de la guerra, que eras todo lo contrario a la antigua fe.
El proceso de eliminación del antiguo culto tuvo su punto máximo con la llegada del cristianismo a Europa donde se lo intento eliminar sistemáticamente a través de instituciones, como la inquisición, juzgando y dando muerte a los herederos de la "antigua religión", por ejemplo a las sabias mujeres (léase brujas) que adoraban secretamente a la Diosa Madre y al Dios Astado, este último demonizado por la iglesia católica.

Milagrosamente, la religión de los primeros europeos subsiste hasta estos días a pesar de los incontables intentos, a través de los siglos, por eliminar y ocultar su verdadero significado y sentido, los que predican este culto predican el respeto por la naturaleza, el pacifismo y la igualdad. 


Europa Indigena (parte1): El culto a la Diosa Madre



* “Se han descubierto más de 130 de estas esculturas, apoyadas sobre rocas y sobre tierra, entre los huesos y herramientas de estos pueblos del Paleolítico. Otras aparecieron cuando se realizó una observación más minuciosa, cinceladas sobre los salientes y terrazas de piedra sobre las cuevas donde muchas de estas personas vivían. Las estatuas siempre representan figuras desnudas; son generalmente pequeñas y con frecuencia gestantes. Algunas se asemejan a mujeres ordinarias, pero la mayoría tienen la apariencia de madres, como si cuanto fuera femenino en ellas se hubiese concentrado en el misterio abrumador del nacimiento. Muchas figuras han sido salpicadas de ocre rojo, el color de la sangre que proporciona la vida, y con frecuencia su base se va estrechando hasta formar una punta carente de pies, como si en alguna ocasión hubieran permanecido clavadas en el suelo con intención ritual.” Anne Baring y Jules Cashford, “El mito de la Diosa” 

* “Son imágenes femeninas, la mayoría de ellas de formas opulentas, de nalgas y caderas exageradas, con grandes pechos y vientres de mujeres grávidas. […] las extremidades y la cabeza suelen ser de formas esquemáticas […] es evidente que no tienen el propósito de reflejar fielmente la realidad (pues cuando quieren eso, lo saben hacer muy bien, como lo demostraron en las pinturas rupestres) y que son símbolos que tienen la finalidad de expresar algo importante. Algo muy importante, en efecto, porque se trata de estereotipos utilizados a lo largo de muchos milenios. […] ¿Qué significado tienen dichas imágenes? Se ha dicho de todo: que son retratos de las mujeres de aquella época, que son imágenes eróticas, que son sacerdotisas o imágenes de antepasados, que son figuras mágicas para provocar la fertilidad, que expresan la visión simbólica del principio femenino …” Josu Naberan, “La vuelta de Sugaar”



* “En todo caso, y pese a la diversidad de modelos existentes, bien pudiera plantearse la existencia de una unidad cultural en el amplísimo territorio en el que se localizan los hallazgos. Sin embargo, el acuerdo entre los investigadores termina a la hora de dilucidar cuál puede ser el significado que puede atribuirse a estas figurillas. Según unos, cabe entenderlas como primitivas Diosas de la fertilidad, teniendo presente lo explícito de los rasgos sexuales femeninos. Partiendo de esta idea, hay quienes las consideran amuletos de uso personal (lo que explicaría la ausencia de pies o de soportes para su colocación en vertical), […] mientras que otros apuntan a que se trata de una cierta forma de autorretratos (ante lo cual tendríamos que preguntarnos por qué no los hay masculinos). Por último, no falta quien explica su existencia como manifestación del carácter matriarcal de estas sociedades paleolíticas.” Juan Diego Caballero, “ENSEÑ-ARTE: Venus paleolíticas” 


Europa Indigena (parte1): El culto a la Diosa Madre



* “Arqueólogos alemanes han descubierto en la región de Danubio (sur) la estatuilla humana más antigua conocida, una venus con senos y vulva desproporcionados, tallada en marfil de mamut y datada hace unos 40.000 años. El hallazgo es toda una sensación, ya que ofrece nueva luz sobre las primeras expresiones artísticas del hombre primitivo en Europa y presumiblemente en el mundo, informó hoy Nicholas Conard, profesor de arqueología de la Universidad de Tubinga y responsable de las excavaciones.
La figura, de tan solo seis centímetros de longitud, fue hallada en septiembre de 2008 durante unas excavaciones en la cueva de Hohle Fels cerca de la localidad de Scheklingen, en el sureño estado alemán de Baden-Württemberg, aunque el descubrimiento se mantuvo en secreto hasta ahora. Nos quedamos sin habla al verla, dijo Conard al presentar por primera vez a la opinión pública la figura, que calificó como una pieza llena de energía y muy expresiva. La venus, que será expuesta a partir de septiembre en el Kunstgebäude de Stuttgart, fue descubierta rota en seis fragmentos a unos 20 metros de distancia de la boca de la cueva y le faltan el brazo y hombro izquierdos. Los arqueólogos alemanes tienen la esperanza de encontrar aún los fragmentos que faltan, ya que su hallazgo se produjo en una zona marginal de las excavaciones realizadas el pasado año en la cueva que fue utilizada como vivienda por nuestros antepasados paleolíticos.
Tallada con gran detalle, tiene muy marcados los órganos genitales, con senos y vulva de un tamaño desproporcionado, que contrastan con la pequeñez de sus brazos, piernas y cabeza, acabados con menos esmero. Un pequeño orificio en la pequeña cabeza hace pensar que la figura, cuyos fragmentos han vuelto a ser unidos con una resina sintética, fue portada colgada del cuello. Los arqueólogos alemanes no dudan de que la nueva venus europea es una representación artística de la fertilidad y que pudo ser objeto de algún tipo de culto o ritual. Su objetivo o uso final no dejará de ser, pese a todo, un misterio, como reconoció Conard, quien comentó con algo de sorna: yo no estaba ahí hace 40.000 años, por lo que desconozco su verdadera utilidad. Diario “El País” (13-9-2009) 

Europa Indigena (parte1): El culto a la Diosa Madre



* “El clan matrifocal (y no la pareja heterosexual) es la primera forma de organización humana, original y universal. Esto significa que no es un tipo de organización cualquiera, sino la primera forma grupal que permite la consolidación de la especie en el tiempo […] El vínculo original diádico madre/criatura se expande al agregarse otras mujeres en estado de gestación-crianza, y las que habían pasado por esas etapas (abuelas). Una misma circunstancia las aúna y el conocimiento compartido permite que cristalice la solidaridad entre ellas. Los lazos que establece la cópula son momentáneos e inestables, y no parecen haber sido un elemento fundacional del grupo”. Martha Moia, “El no de las niñas”


* “ El vínculo más importante era el uterino, el haber compartido el mismo útero y los mismos pechos. Este es el origen del concepto de la fraternidad humana […] El vínculo uterino entre un hombre y una mujer era algo fundamental para la reproducción de las generaciones en una sociedad con sistema de identidad grupal, horizontal y no jerarquizada, sin concepto de propiedad ni de linaje individual-vertical; es decir, con conciencia de reproducción grupal.” Casilda Rodrigañez, “Pariremos con placer”

* “Los Mosuo (China) tienen un asombroso sistema social en el que el matrimonio y la paternidad no existen como tales. Se suelen agrupar tres generaciones de mujeres con sus respectivos hijos. Abuelas, madres e hijas viven bajo el mismo techo sin admitir la presencia de padres o maridos. Solamente los tíos, hermanos, hijos y sobrinos […] no existe el concepto del matrimonio [...] el sexo se practica de forma abierta y libre, solo hay que elegir pareja para pasar la noche [...] mientras el matrimonio y la fidelidad son considerados como una herejía [...] no dan muestras de celos. Las tragedias amorosas latinas de amantes vengativos y atormentados les hacen reír. Parecen pensar que el visitante se está burlando de ellos. ¿Cómo es posible que alguien acabe con una preciosa vida por algo tan banal como el sexo?, se preguntan tras escuchar una historia truculenta de amor y pasión occidental.” Paka Diaz


* “Con frecuencia se utiliza una metáfora para hablar de las relaciones que establecen los seres humanos y se dice que conforman la tela de la sociedad. En virtud del papel que ha desempeñado la mujer […] podríamos decir que es la urdimbre o recto del hilo; el conjunto de hilos paralelos que se colocan en el telar para empezar la tela. Es el primer paso del proceso, sin el que no podrían darse los demás. Por otra parte es la dirección del tejido que posee mayor resistencia […] El hombre al entrar en relaciones especificas con la mujer, conforma la trama. La tela entones, es una función de enlace correcto de urdimbre y trama, estructura que es producto de la inserción de una dirección en la otra.” Martha Moia, “El no de las niñas” 



Europa Indigena (parte1): El culto a la Diosa Madre



* “¿En qué nos basamos para defender que estas esculturas de mujer son de diosas, y no simplemente bellezas de la tribu local, o las jóvenes de la cueva de al lado? En primer lugar, no parece que los artífices de las estatuas tuviesen la intención de reflejar fielmente la naturaleza, a no ser que asumamos que los artistas paleolíticos carecían del sentido de la proporción para las hembras humanas, mientras que poseían un exquisito talento para la de los animales. Si para describirlas se utiliza la expresión cautelosa de escultura de una mujer, que se encuentra habitualmente en las placas de los museos, se pasa por alto el simbolismo que supone el estructurar todas las partes del cuerpo de una manera tan coherente y consistente. Dado que la totalidad del cuerpo se concentra en el drama del nacimiento, lo que relatan éstas, y muchas otras figuras, es la historia de cómo se origina la vida.
El misterio del cuerpo femenino es el misterio del nacimiento, que es también el misterio de lo no manifiesto convirtiéndose en manifiesto en la totalidad de la naturaleza. Esto trasciende con creces el cuerpo femenino y la mujer como soporte de esta imagen, pues el cuerpo de la hembra de cualquier especie nos conduce, a través del misterio del nacimiento, al misterio de la vida misma.
Si admitimos el significado religioso de estas figuras, no podemos simplemente etiquetarlas como ídolos de fertilidad: la palabra ídolo trivializa invariablemente el carácter luminoso de la experiencia religiosa, en tanto que sólo se utiliza para designar las formas de culto de otros pueblos, y la palabra fertilidad pasa por alto también, de forma llamativa, el hecho de que muchas personas de nuestro tiempo rezan a la Virgen María para que les conceda hijos. De modo similar, denominarlas estatuillas de Venus es reducir la universalidad de un primer principio (la madre) al nombre de la diosa romana del amor, que era por entonces sólo una diosa entre otras muchas, todas ellas suplantadas tiempo atrás por el Dios Padre como soberano y creador del mundo. De modo que, para intentar devolver a las figuras del Paleolítico su propia dignidad original, preferimos designar esas imágenes sagradas de los poderes del universo que dan vida, alimentan y regeneran, con el nombre de Diosa madre, o simplemente Diosa.” Anne Baring y Jules Cashford, “El mito de la Diosa”
* “Una prueba de irrefutable consistencia para calificar estas imágenes paleolíticas como Diosas es el hecho de que se hayan hallado más de 30.000 estatuillas de similares características pertenecientes al periodo neolítico (7.500-3.500 a.C.), muchas de ellas sobre altares y salpicadas con ocre rojo. De este modo se establece un continuum simbólico en la cosmovisión indígena europea ¡de más de 35.000 años!, desde las tribus cazadoras-recolectoras del Paleolítico Superior a las primeras poblaciones agrícolas del neolítico europeo.” Guillermo Piquero 

Europa Indigena (parte1): El culto a la Diosa Madre



* “El Arquetipo de la Madre es, sin duda, uno de los primeros símbolos de la historia de la humanidad. […] La importancia de este Arquetipo estriba en que constituyó la base del desarrollo de la mayoría de las religiones del planeta. Efectivamente, estudios modernos han ido verificando cada vez con mayor certeza que, en el origen de la mayoría de las concepciones mitológicas del mundo, eran Diosas las supremas deidades.
Como indica la investigadora Bárbara Walker: “A la tierra se le han dado miles de nombres femeninos (Asia, África, Europa) que corresponden a distintas manifestaciones de una misma Diosa. Diversos países llevaban el nombre de alguna antepasada o de otra manifestación de la Gran Madre: Libia, Rusia, Anatolia, Lacio, Holanda, China, Jonia, Acadia, Caldea, Escocia (Scotia), Irlanda (Eriu, Erin, Hera), fueron sólo unos pocos. Cada nación dio a su territorio el nombre de su propia Madre Tierra”.
En América, la divinidad existía bajo los nombres de Pacha-Mama o Mamanchic para los Incas; Mapu para los Mapuches; Ixchel, en el panteón Maya; Coatlicue para los Aztecas; la Sedna de los esquimales; Tacoma de los Salish; Maka Ina de los Siux Oglalas; Iyatiku de los Keres y Kokyang Wuthi de los Hopis, además de otros muchos. En Africa occidental era Mawu; Isis o Hator en Egipto; Innana, Astarté, Ishtar o Asherah en Oriente Medio; Rhea en Creta; Kubaba en Turquía, Cibeles en Grecia; Semele en Tracia y Frigia; Zemyna en Lituania; Pele en Hawai... la lista es interminable.
A este respecto, el historiador del arte Merlin Stone comenta: “No nos encontramos ante una desconcertante miríada de deidades, sino ante una variedad de títulos que son el resultado de lenguajes y dialécticas diversos, pero cada uno de los cuales se refiere a una divinidad femenina muy parecida.”[…] El Arquetipo de la Madre se vincula de este modo con los más remotos procesos de concienciación de nuestra especie.” Alexis López Tapia, “Arquetipos de la madre”


* “En las sociedades primitivas el arquetipo era un instrumento de aprendizaje, pues a través de la identificación con esa imagen se experimentaba una comprensión interna, consciente o inconsciente, y a través de la cual se podían despertar y expresar las energías arquetípicas. Uno de los más frecuentes en muchas culturas era el de la fuerza femenina universal (la Gran Diosa) […] A pesar de que entre una estatua de una diosa y la mujer existía una distancia física […] la mujer no sentía esa separación sino que se identificaba directa y estrechamente con la imagen; un claro ejemplo son los antiguos poemas e invocaciones a las diosas de Egipto o Asiria que aún se conservan: muchos de ellos están escritos en primera persona, lo que demuestra que la mujer que decía esas palabras se identificaba con la naturaleza divina de su ser, y en consecuencia hablaba como diosa”. Miranda Gray, “Luna roja” 



Europa Indigena (parte1): El culto a la Diosa Madre


* “Cuando tratamos de hacernos una idea de cómo vivían y pensaban nuestros antepasados del Paleolítico, imaginándonos a nosotros mismos en las bocas de sus cuevas, contemplando el exterior, ¿no vemos acaso como el fenómeno más misterioso la luna … y las caras de la luna, que constantemente cambian de un modo que siempre es constante? Los dos términos, el fijo y el variable, proporcionan la primera noción de secuencia, medida y tiempo. Este significado de la luna aún se esconde en nuestro lenguaje: el griego mene significa “luna”, el latín mensis “mes”, y mensura, con la misma raíz, significa “medida”, de donde proviene el nombre del ciclo menstrual; pues los cambios de la luna hicieron posible el medir por vez primera períodos de tiempo que superasen el día (que podía calcularse por el sol).[…] La luna era indudablemente la imagen central de lo sagrado para estos pueblos primitivos; su ritmo dual, constante y cambiante, les proveyó de un punto de orientación desde el que medir diferencias, concebir patrones y establecer asociaciones. Su perpetuo regresar a los propios orígenes los impulsó a recomponer lo que en apariencia se había hecho pedazos. En todas las mitologías hasta la Edad del Hierro (1250 a. C.) se percibía la luna, gran luz brillando en la oscuridad de la noche, como una de las imágenes supremas de la Diosa, el poder unificador de la Madre de Todo. Ella era la medida de los ciclos temporales y de las conexiones e influencias celestes y terrestres.
Gobernaba la fecundidad de la mujer, las aguas del mar y todas las fases de crecimiento y decrecimiento. Las estaciones se sucedían en secuencias, al igual que las fases de la luna. Constituía una imagen perdurable tanto de la regeneración en el tiempo como en la totalidad atemporal: lo que se perdía aparentemente con la luna menguante, se restablecía con la creciente. La dualidad, imaginada como la luna creciente y menguante, era contenida y trascendida en su totalidad. De forma análoga, por lo tanto, la vida y la muerte no tenían por qué ser percibidas como opuestos, sino que podían ser consideradas fases que se suceden la una a la otra en un ritmo sin fin. No resulta sorprendente, pues, que la mitología lunar precediese a la solar en muchas, si no en todas, partes del mundo.” Anne Baring y Jules Cashford, “El mito de la Diosa”


* “La Diosa como luna ha sido representada por tres figuras de mujeres que simbolizaban el ciclo vital femenino: la Doncella, la Madre y la Bruja. Normalmente la Doncella presentaba un aspecto enérgico y dinámico, reflejaba la luz de la luna creciente, y se la asociaba con el color blanco. La Madre Resplandeciente, símbolo de la fertilidad y la nutrición, reflejaba la intensa luz de la luna llena y se la relacionaba con el color rojo. Por último, la Bruja era la representación de la sabiduría, la puerta de la muerte y la senda hacia los poderes del mundo interior; […] y estaba asociada con los colores azul o negro.” Miranda Gray, “Luna Roja” 


Europa Indigena (parte1): El culto a la Diosa Madre


* “En la tradición norteamericana (sioux, lakotas, sénecas,…) se llamaba período de la luna a la menstruación. Una mujer cuando menstruaba se la consideraba en su momento más poderoso física y espiritualmente. El reposo durante la menstruación era considerado imprescindible para que la persona pueda estar concentrada en los planos espirituales adquiriendo sabiduría. Ese reposo tiene lugar en un tipi especial llamado la tienda de la Luna. Para el pueblo kogi, que habita en las montañas de Colombia, el mundo fue creado por la Gran Madre mientras menstruaba: su sangre es oro y ella permanece en la tierra, es fertilidad. Muchas otras tradiciones toman este ritual de sangrar durante la menstruación en la tierra como símbolo de reconexión con la Madre y donación de algo bueno y nutritivo. En la tradición egipcia por ejemplo, la joven menstruaba sobre un poco de musgo de la orilla del río. Para los lamas tibetanos la primera menstruación de una joven era la medicina más potente de la comunidad. Se dice que el lunar rojo que las hindúes se pintan a la altura del entrecejo (en el tercer ojo) simboliza la visión que las mujeres adquirimos durante el sangrado menstrual. Actualmente los shuar (de la selva ecuatoriana) también mantienen un ritual que llaman pago a la tierra. Es un ritual complejo, con mucha preparación y que continúa con la construcción de un altar para recordar lo sagrado de ese momento. Cuando comienza la menstruación, se dejan gotas de sangre sobre todo el conjunto de ofrendas que muy cuidadosa y detalladamente hay que recoger con determinada intención y pedidos. Al rezar durante la ceremonia, se pide por la reconexión con la Madre Tierra y que el ciclo menstrual esté alineado con los ciclos mayores de la vida, de ese modo despertamos una memoria en el cuerpo que recuerda que está unido al resto de la naturaleza de una manera armónica, según palabras de un curandero shuar.” Adriana Filgueiras, “Ritos menstruales en las tradiciones históricas”


* Según Brooke Medicine Eagle: “La sangre de luna (menstrual) de la mujer se halla entre las sustancias más nutrientes y bio-energetizantes de la tierra. Puesta sobre una planta, ésta se nutre en profundidad. Nuestras costumbres nativas proponían, durante nuestras ceremonias de siembra y nutrición de las cosechas, que las mujeres en su tiempo lunar se movieran entre las plantas y derramaran su sangre. Nuestras mujeres siempre dieron su sangre honrosamente. Se sentaban sobre el suelo y la donaban directamente o la derramaban sobre musgos que luego depositaban sobre la tierra, para nutrirla y renovarla. Se acompañaban con esta canción:

Entrego esta sangre de vida a todas mis relaciones y abro mi matriz a la luz.
Entrego esta sangre de vida a todas mis relaciones y abro mi matriz a la luz.


Entrego, entrego, entrego, entrego; abro mi matriz a la luz.  



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* “En la región de los montes Altai (Sur de Siberia), un lugar donde pervive el chamanismo de origen femenino más antiguo, reconocen la llegada de la menstruación como el momento en que una mujer puede vivir el goce del sexo, el orgasmo como un modo de iluminar la conciencia y expandir la energía (aun cuando la actividad sexual sea en soledad). Creen que la sangre menstrual es la única que el cuerpo expulsa sin acto de crueldad ni heridas y es una representación de un reinicio de ciclo cada mes. Esta sangre es sagrada para quienes adoran a la Diosa (la Tierra) y se la ofrendan. Se celebra con una fiesta tradicional para dar inicio a un periodo de profunda sensibilidad en el que las mujeres estarán más perceptivas que nunca para consultar oráculos y confiar en las visiones y la intuición; un don femenino. Suponen que la Madre Tierra devuelve a sus mujeres la energía a través de la vulva, por lo que danzan desnudas sobre los campos sembrados para fertilizarlos.
[…] El pueblo apache rinde un culto amoroso a las chicas que comienzan a menstruar a través de la ceremonia de Sunrise. Durante cuatro días se celebra la unión de la chica con la Madre Tierra a través de danzas, cantos, ritos sagrados y regalos; es pintada de blanco y con arcilla para que la bendición de la tierra recaiga sobre ella. A partir de ese momento, a la mujer se le considera poderosa y bendecida por su fertilidad. Una verdadera fiesta que hasta la fecha se sigue practicando.” Mitos de la menstruación

* “Los pigmeos del Zaire celebran las primeras menstruaciones de las chicas con una gran fiesta de gratitud y alegría. La mujer joven experimenta el orgullo y el placer, y todo el grupo demuestra su felicidad.” John Zerzan, “Futuro primitivo”


* “En muchas culturas amazónicas la llegada de la primera menstruación en las jóvenes indígenas resulta un acontecimiento relevante en la aldea y es acompañada de celebraciones.” Wigberto Rivero Pinto, “La sexualidad en los indigenas amazónicos”


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* “Hoy en día conocemos las hormonas que acompañan el placer y la actividad sexual. Creo que es universalmente conocido que la oxitócica, la hormona del amor como la llamo Niles Newton, se segrega cuando hay alguna actividad sexual. Y al mismo tiempo, la oxitócica también está reconocida como oxitócico; tiene el efecto de distender los haces musculares del útero y dilatar su boca. De hecho la medicina utiliza la oxitócica sintética para inducir o acelerar el parto. El que la hormona del amor tenga receptores en los músculos uterinos y sea oxitócica, creo que es una prueba de que el proceso fisiológico del parto pertenece a la esfera de los fenómenos fisiológicos amparados por la sexualidad de la mujer. Y también que la fabricación de oxitócica sintética, es una prueba de la robotización de la fisiología de la maternidad. […] En su famoso tratado sobre sexualidad, Masters y Johnsons aseguran que en todo orgasmo femenino se producen contracciones del útero, lo que viene a ser otra perspectiva para entender las contracciones del parto así como los partos orgásmicos, y que nos lleva a lo mismo; es decir, que el fenómeno conocido como orgasmo consiste en unos movimientos rítmicos del útero (contracciones o latidos) que al relajarse y distenderse, relajan también el cérvix. […] Pero sin duda, una de las respuestas más importantes la encontramos en la investigación de Maryse Choisy, en base al seguimiento de la vida sexual de 194 mujeres a lo largo de 15 años, según el cual el orgasmo femenino auténtico es el cervico uterino, el que tiene su epicentro en el útero.” Casilda Rodrigañez, “La maternidad y la correlación entre la libido y la fisiología”



* “Según la sexóloga francesa Maryse Choisy […] el útero es el centro del sistema erógeno de la mujer y actúa como una caja de resonancia de placer; Choisy habla de un orgasmo cervico-uterino que por lo general se confunde con el orgasmo vaginal, y que es el más intenso, de mayor placer y se extiende por todo el organismo: el orgasmo femenino auténtico no se produce ni en el clítoris ni en la vagina. Tiene su origen en el cuello del útero. El orgasmo cervico-uterino difiere radicalmente de todos los otros placeres en intensidad, en profundidad, en calidad, en ritmo sobre todo y en extensión. Es más difuso. Termina por abarcar el cuerpo entero. Asegura que la expresión ultravaginales, a veces utilizada para describir los orgasmos profundos e intensos, en realidad debe referirse al uterino. Choisy dice: un día las chicas descubren solas, que el gesto de apretar los muslos o las nalgas, un poco más fuerte de lo habitual, les procura un orgasmo situado en alguna parte profunda de su interior.” Casilda Rodrigañez, “Pariremos con placer”


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* “Cuatro de nuestros principales sistemas hormonales están activos durante el trabajo del parto. Estos producen, durante este período, niveles altos de oxitócica, la hormona del amor; endorfinas, hormonas del placer y la trascendencia; adrenalina y noradrenalina, hormonas de la excitación; y prolactina, hormona de la ternura maternal. Estos sistemas son comunes a todos los mamíferos y se originan en nuestro cerebro mamífero o cerebro medio, también conocido como sistema límbico. Para que el parto siga su curso normal óptimamente, esta parte del cerebro debe anteponerse al neocortex, o mente racional. Esta transición puede darse en una atmósfera de silencio y privacidad, por ejemplo, al bajar las luces, hablar bajo y no provocar o esperar una respuesta o conducta racional de la mujer en trabajo de parto. Bajo estas condiciones la mujer intuitivamente escogerá los movimientos, respiración y posiciones que la ayuden a parir fácilmente a su bebé. Esto está impreso en su código hormonal y genético.” Dra. Sarah J Buckley, “Nacimiento extático”

* “Para hacernos una idea de la que se hace con los partos podemos recordar lo que ocurre en las relaciones sexuales entre adultos cuando suena el teléfono o alguien llama a la puerta. Si una llamada de teléfono nos corta, es porque las funciones sexuales requieren la pasividad del neocortex, un estado de inhibición a favor del cerebro arcaico; lo que se dice estar en un estado de abandono al deseo y al placer. Imaginémonos lo que sería lograr un orgasmo en medio de personas entrando y saliendo, hablando y diciéndonos lo que tenemos que hacer, impidiendo el abandono al deseo … Pues algo así es lo que hacemos cuando parimos, es decir, sustituir los sentimientos, el amor, el deseo entre dos personas que lleva al alumbramiento, por la técnica y las órdenes. La pérdida de la intimidad que tiene lugar en los paritorios de los hospitales culmina la trágica consagración del parto violento y doloroso.” Casilda Rodrigañez, “La represión del deseo materno”


* “Un músculo (útero) que se inmoviliza pierde su flexibilidad. Y pensemos en que si una simple inmovilización durante algún tiempo por una escayola requiere después ejercicios de rehabilitación para que el tejido muscular se recupere, ¿qué sería, por ejemplo, de un brazo que hubiese permanecido inmovilizado durante toda la vida porque no sabíamos que teníamos ese brazo ni para que servía? Y si quisiéramos utilizarlo, nos encontraríamos con unos músculos que habrían perdido su elasticidad, rígidos y contracturados. Y como todo el mundo sabe lo que duele un calambre, podemos entonces entender los dolores de la dilatación del cuello uterino en nuestra sociedad. Es significativo que en el Génesis se diga parirás con dolor, como algo nuevo que iba a ser y que antes no era.” Casilda Rodrigañez, “La sexualidad de la mujer” 



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* “Según la antropóloga Martha Moia, en la estructura social matrifocal, la identidad era grupal y la convivencia estaba basada en el deseo materno de bienestar directamente vinculado a la conservación y protección de la vida. Se trataba de ayudarse en la tarea común de dar y conservar la vida. Los mayores y los fuertes cuidaban y protegían a los pequeños y a los débiles como requisito de bienestar de conservación del grupo. La ayuda y no la lucha eran la garantía de la vida”. Casilda Rodrigañez, “El asalto al Hades”
* “Rohrlich-Leavitt ha hecho notar que los datos de los que disponemos muestran que generalmente los cazadores recolectores ignoran la agresión colectiva y rechazan la competencia entre grupos, reparten libremente los recursos, aprecian el igualitarismo y la autonomía personal en el cuadro de la cooperación de grupo y son indulgentes y tiernos con los niños.
Decenas de estudios hacen del reparto y del igualitarismo el carácter distintivo de estos grupos:
Lee ha hablado de la universalidad del reparto entre los recolectores cazadores, igual que en la obra de Marshall se reseña una ética de la generosidad y de la humildad demostrando una tendencia fuertemente igualitaria entre los recolectores cazadores.
Tanaka proporciona un ejemplo típico: el rasgo de carácter más apreciado es la generosidad, y el más despreciado la avaricia y el egoísmo.
Baer ha reportado que el igualitarismo y el sentido democrático, la autonomía personal y la individualización, el sentido protector y el instinto alimentador como las virtudes cardinales de los no civilizados; y Lee ha hablado de una aversión absoluta por las distinciones jerárquicas entre los pueblos recolectores cazadores del mundo entero.
Leacock y Lee han precisado que toda presunción de autoridad en el seno del grupo provoca el enfado o la cólera entre los Kung, como se había reportado también entre los Mbouti, los Hazda y los montañeses de Naskapi entre otros.
Según Duffy, los Mbouti son naturalmente igualitarios: no tienen ni jefes ni reyes, y las decisiones que conciernen al clan son tomadas por consenso.

Dramper se impresionó por las relaciones distendidas y igualitarias entre hombres y mujeres San, con su suavidad y respeto mutuo, tipo de relación que perdura, mientras los San continúan siendo recolectores cazadores.” John Zerzan, Futuro primitivo 


Europa Indigena (parte1): El culto a la Diosa Madre



* “Los estudios etnográficos sobre sociedades actuales demuestran que lo extraño es encontrar una actividad que sólo acometan hombres o mujeres. El reparto de trabajo es una construcción social y, por tanto, cada sociedad la gestiona como mejor entiende. En las sociedades de la prehistoria no tenemos datos que nos lleven a pensar que las mujeres no cazaban o que no intervinieron en determinadas producciones, como la de piedra tallada o la metalurgia. Además, muchas imágenes del pasado las muestran plenamente integradas en cuestiones rituales y religiosas. […] En todas las sociedades conocidas existe una división del trabajo por sexos. Esta separación no implica que un grupo realice tareas menos importantes que el otro, sino que es una estrategia social para obtener más éxito en la explotación de los recursos. Algunas teorías apuntan a que en este reparto fue fundamental la vinculación de las mujeres con las crías humanas, que requieren una atención constante al menos durante los primeros años de vida. El menosprecio hacia estos trabajos es una construcción posterior de la sociedad patriarcal en la que vivimos.” Margarita Sánchez Romero, “Andalucía investiga”


* “Simplemente, mientras el hombre dedicaba más tiempo a la caza mayor, la mujer recolectaba frutos, vegetales y tubérculos, cazaba animales menores y, naturalmente, cuidaba de los niños. Sería un error creer que desde el punto de vista alimentario, la caza era una actividad más importante o de mayor rendimiento que la recolección. Como se ha demostrado recientemente, en casi todos los pueblos estudiados la dieta era ante todo vegetariana. Con la natural excepción de los pobladores del Antártico, en el resto de culturas más del 50% de las calorías y las proteínas provenían de fuentes vegetales […] En un estudio de 24 pueblos que existen actualmente se han obtenido los siguientes resultados: 3 de ellos derivan su alimentación fundamentalmente de la caza, 5 de la pesca, y el resto, 16, de la recolección. Solo en un caso la recolección representa el 10% de la alimentación, y en 2, el 20%. El estudio concluye que las actividades recolectoras que incluyen plantas y moluscos son las más productivas desde el punto de vista alimentario, seguidas por la pesca. La caza de mamíferos es la fuente más aleatoria y, por tanto, es en general menos importante que las otras dos. […] Según otro estudio sobre una muestra más amplia de 58 culturas […] 29 tienen como fuente principal de subsistencia la recolección, 18 la pesca y 11 la caza. Las conclusiones son que para los cazadores-recolectores primitivos la fuente más segura y estable de alimentación es la recolección, mientras que la carne proveniente de la caza es un suplemento necesario y codiciado, pero aleatorio, y que la mujer recolectora adquiere como proveedora tanta importancia como el hombre cazador.” Enrique Semo, “Los orígenes: de los cazadores y recolectoras a las sociedades tributarias. 

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